Mi historia

Mi historia: ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Prácticamente desde que tengo uso de razón he sentido que mis piernas eran ‘diferentes’. Durante mi infancia no le di demasiada importancia y podría decirse que llevé una vida normal como la de cualquier otra niña.

No fue hasta los 11-12 años cuando me confirmé a mí misma que efectivamente mis piernas no eran como las de las demás. A esa edad apareció la menarquia, la primera menstruación, y con ella comenzaron la mayoría de síntomas y signos de lipedema. Mis piernas empezaron a crecer de una forma desproporcionada comparado con el resto del cuerpo. Además, el aspecto de la piel cambió, pasó a ser más nodular y fue entonces cuando escuché por primera vez la palabra ‘celulitis‘.

Pasé mi adolescencia sintiéndome un poco ‘bicho raro’, continuamente comparándome con mis amigas y preguntándome por qué mis tobillos y mis piernas tenían ese aspecto a pesar de ser muy activa y deportista. Yo las llamaba siempre mis ‘patas columna’ porque eran tal cual un par de columnas jónicas. Mis amigas se compraban pantalones cortos, faldas, tobilleras, botas y botines y yo no solía hacerlo o bien porque me avergonzaba salir a la calle o bien porque ni siquiera me cabían.

Imaginaos que en vez de piernas, tenéis que cargar estas dos preciosas columnas cada día. Si eres una joya arquitectónica está bien, pero para un ser humano no mola tanto.

A este aspecto ‘estético‘ (que va mucho más allá por sus implicaciones psicológicas al aparecer en pleno desarrollo y en una etapa tan complicada como es la adolescencia), hay que sumarle el inicio de otros síntomas como son el dolor, la pesadez y los hematomas espontáneos. En mi caso éstos empeoraron al entrar a la universidad. Fue una época complicada de mi vida, con el estrés de los exámenes y varias situaciones personales engordé bastante y para colmo comencé a tomar anticonceptivos orales. Todo ello hizo que mis piernas empeoraran de forma drástica.

Tras varios años de complejos y culpándome a mí misma por no saber qué le ocurría exactamente a mi cuerpo, un día buscando por internet literalmente ‘piernas gordas’ di con la palabra mágica: LIPEDEMA. Aquí fue cuando comenzó mi lucha contra mi enfermedad:

  • 2013

    Mi peor momento. Los síntomas estaban en su punto álgido. Fue cuando desesperada busqué respuestas por internet. Encontré la palabra lipedema pero sin demasiada información.

  • 2014

    Decidí darle una oportunidad al deporte puesto que leí que el lipedema podía mejorar con ejercicio físico. Además, siempre había disfrutado practicándolo. ¿Why not? Adelgacé todo el peso extra que había sumado durante los años anteriores y mi sintomatología mejoró un poco, aunque el aspecto ‘columnar’ de mis piernas seguía ahí perenne.

  • 2015

    Como había mejorado relativamente, no le di mucha más importancia a la palabra lipedema. Seguí con mi vida. Pero llegó un momento en el que por mucho que hiciera, por mucho que entrenara o por mucha dieta restrictiva hipocalórica a la que me sometiera, mis piernas no mejoraban ni un ápice. Sentía que vivía en 2 cuerpos completamente diferentes: el tren superior por un lado y las piernas por otro.

  • 2017

    En este año descubrí mi pasión por el running. Decidí apuntarme con mi madre (la cual no tiene lipedema pero sí unas piernas de infarto) a mi primera media maratón. Conseguí acabarla, pero terminé con un dolor insoportable en las piernas que casi hizo que perdiera el avión de vuelta a casa. Mi madre sin embargo acabó tan pancha, a pesar de que hicimos prácticamente la misma preparación. Aquí fue cuando me dije a mí misma que eso no era normal y que tenía que buscar una solución ya.

    Prometo que no era la única loca disfrazada.

    Me acordé de esa palabra mágica, lipedema, y volví a introducirla en el buscador. Esta vez los resultados fueron muy diferentes. Encontré la asociación de pacientes ADALIPE. Desde ese momento no paré de leer y leer, por fin comprendí que no se trataba únicamente de genética sino que era una enfermedad crónica y como tal había opción de tratamiento (aunque no cura). Me empapé de información acerca de medias de compresión, pautas nutricionales, cirugías, etc.

    Obtuve en ese mismo año mi diagnóstico oficial, tanto por la seguridad social como por medicina privada (aunque yo siempre digo que me auto-diagnostiqué en 2013 🤣).

  • 2018

    Decidí operarme. Di con un grupo de Facebook internacional al que le estaré eternamente agradecida y el cual recomiendo a todo el mundo que esté interesado en la cirugía: Global Lipoedema Awareness. En él hay información acerca de clínicas, cirujanos, experiencias de pacientes por todo el mundo, etc.

    Por aquél entonces la mayoría de clínicas especializadas en lipedema se encontraban en Alemania. Después de hacer mis investigaciones me decanté por la clínica Med-plast en Berlín. Justo me comentaron que estaban en proceso de abrir una nueva sucursal en Madrid (mi ciudad) y que estaban entrenando a un cirujano español. Me ofrecieron mi primera cita allí en Berlín. En esa consulta conocí a quienes fueron luego mis cirujanos: el dr Labschies y el dr Burgos de la Obra. *Aclaración: el dr Burgos de la Obra ya no trabaja en Med-plast, sino que más tarde abrió su propia clínica, Lipemedical.

    En Febrero de 2018 me sometí a mi primera cirugía allí en la clínica de Berlín y a finales de Junio de ese mismo año fui a por la segunda, esta vez en la clínica de Medplast Madrid recién abierta.

    Si sois aprensivos con la sangre, perdón.

    Uno de los años más difíciles de mi vida, pero también más bonitos y de los que más he aprendido. El postoperatorio es largo y complicado, no sólo físicamente sino también emocionalmente.

    Ah, también abrí mi cuenta de Instagram para contar mis alegrías y mis penas en el postoperatorio. Conocí a chicas maravillosas que hicieron mi camino mucho más fácil.

  • 2019

    Corrí la misma media maratón que en 2017 pero esta vez sin lipedema. Sin dolor. Recordaré el momento de cruzar la meta toda mi vida. Es difícil describir con palabras lo que significó para mí.

    Nada más cruzar la meta me puse a llorar. Tenéis el vídeo aquí.

  • 2020 (Octubre)

    Aquí estoy escribiendo este blog, casi 3 años más tarde de mi primera cirugía. A día de hoy sigo feliz de mi decisión, continúo con tratamiento conservador (pautas nutricionales antiinflamatorias, compresión y ejercicio físico) y sigo sin dolor ni pesadez ni hematomas. Disfruto corriendo, moviéndome, saltando, caminando, bailando y todo ello sin tener que cargar con dos columnas cada día. Mi sueño es completar algún día una maratón completa.

    Aunque me han traído mucho sufrimiento, le estoy muy agradecida a mis piernas por todo lo que han pasado y por lo que son capaces de hacer.

¿Clínica?Primera cirugía (pantorrillas): Medplast Berlín
Segunda cirugía (muslos): Medplast Madrid
¿Cirujano?Dr Burgos de la Obra y dr Labschies
*Aclaración: el dr Burgos de la Obra ya no trabaja en Med-plast, sino que más tarde abrió su propia clínica, Lipemedical.
¿Precio?Primera cirugía (pantorrillas): 4500€
Segunda cirugía (muslos): 5000€
¿Técnica?WAL (Water Assisted Liposuction) con AG (Anestesia general)
¿Litros extraídos?Primera cirugía (pantorrillas): -4,3L
Segunda cirugía (muslos): -6,4L
Total: -10,7L
¿Fisioterapeutas?Berlín: Jörn Kunst
Madrid: Sanamanzana e Instituto Fisiomédico (Curro Millán)
Más información acerca de mis cirugías

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